Ciencias Sociales para las chicas e ingenierías para los chicos. Las carreras también tienen género. Si bien, en algunas facultades se nota más que en otras. Es el caso de Ciencias de la Educación, donde sólo el 28% de los estudiantes son varones. Una diferencia que aumenta en el caso de la diplomatura en Maestro de Educación Infantil –en la que están matriculados 17 hombres, frente a 358 mujeres– y que se aprecia aún más en la práctica, pues sólo ocho o nueve chicos acuden con regularidad a clase. Algunos de ellos cuentan las motivaciones que les llevaron a elegir esta carrera y, en algunos casos, a cambiar la profesión que tenían pensado ejercer.
RUBÉN DOMÍGUEZ
«La informática era muy gris, pero los niños son todo color»
«Los niños me preguntaban si yo también era su ‘seño’»
MANUEL JESÚS VILLENA
«La paciencia es el caballo de batalla del maestro de Infantil»
«Mis sobrinos hicieron que quisiese ser maestro de Infantil»
«Hace falta una parte masculina en la Educación Infantil»
«Todos podemos ser igual de cariñosos con los niños»
Rubén Domínguez estudió un ciclo de grado superior en Informática y consiguió un trabajo como programador, pero le faltaba algo a su vida. «Era un trabajo muy gris, mientras que la Educación Infantil es todo color», afirma. Algo que este alumno de tercer curso comprobó tras realizar la primera parte del prácticum. «Da igual que un día estés triste porque los niños te alegran el día», declara.
Un optimismo con el que Rubén quiere llenar su vida cuando salga de una facultad en la que, sin saber muy bien por qué, no cuenta con muchos compañeros varones. «Pienso que muchos quieren estudiar Educación Infantil, pero temen que les digan que son gays», afirma Rubén. «Luego es todo lo contrario, incluso, muchas compañeras me han dicho que les resulta muy sexy ver a un hombre mostrar su ternura», comenta.
Igualmente, Rubén no piensa que su condición de varón le afecte cuando dé el salto del pupitre al atril y recaiga sobre él la responsabilidad de «educar a nuevas personitas». Si bien, considera que los casos de pederastia de los últimos años pueden ensuciar la imagen del maestro de Infantil.
JOSÉ DANIEL MORENO
José Daniel Moreno nunca olvidará el primer día que entró a un colegio de Educación Infantil para hacer las prácticas. Cuando la profesora le presentó ante los pequeños alumnos, José Daniel se encontró con un aluvión de caritas sorprendidas que le preguntaban sin cesar: «Oye, ¿tú también eres nuestra ‘seño’?».
«A los propios niños les llamaba la atención encontrarse con un profesor varón», describe este alumno de tercero de Infantil a modo de recuerdo de las tres semanas de prácticas en las que se acercó a la profesión que siempre quiso ejercer. «De pequeño, mis vecinas ya me encargaban que cuidase de sus hijos y me encantaba», comenta.
En relación a la escasez de hombres dentro del magisterio en las edades más tempranas, José Daniel la achaca a una percepción social que, poco a poco, va cambiando. «Las madres siempre han sido las encargadas de cuidar a sus hijos y los colegios y guarderías surgen porque no tenían sitio donde dejarlos», opina.
Una idea social que vio reflejada en la universidad cuando entró en la facultad y vio que en su clase de Infantil eran sólo cuatro chicos. «Me puse muy nervioso porque soy muy tímido y si ya me gusta hablar con hombres, más aún con mujeres», asegura.
Ser maestro de Educación Infantil requiere unas cualidades que la sociedad suele atribuir a las mujeres, pero que Manuel Jesús Villena no considera que sean exclusivas de ellas. «La sensibilidad, la tenacidad y la paciencia son sus mejores caballos de batala», expresa este alumno de primero de Educación Infantil que, además, es licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas.
«Escogí Publicidad por el tema de las salidas, pero en realidad pienso que perdí el tiempo», asegura, al tiempo que se arrepiente de no haberse matriculado de primera hora para ser maestro de Infantil. «Todos hemos querido ser profesores alguna vez», declara. No obstante, considera que, aunque algunos chicos tengan la vocación de enseñar a niños de corta edad, no estudian para ello por vergüenza. «Las carreras tienen sexo y, aunque las chicas estén entrando en titulaciones masculinas como las ingenierías, los chicos tienen más reparos a la hora de matricularse en estudios asociadas a las mujeres», sostiene.
ANDRÉS GARCÍA
Al igual que muchos de sus compañeros, Andrés García tenía claro que su futuro profesional estaría entre la paredes de un aula. Sin embargo, siempre pensó que sus alumnos serían mayores de cinco años hasta que fue tío. «Mis cuatro sobrinos hicieron que quisiese ser maestro de Infantil y no de Primaria», manifiesta.
De hecho, fueron sus sobrinos, que ahora tienen edades comprendidas entre los 3 y los 10 años, los que hicieron que Andrés retomara los estudios que abandonó antes de acabar el bachillerato. «Era estudiar esta carrera o ninguna», afirma este alumno de primero de Infantil, quien disfruta como un niño cuando se acerca a la guardería de un familiar para echarle una mano con los pequeños.
Una capacidad para trabajar con niños de corta edad que ha tenido que demostrar también en la facultad delante de sus compañeras. «Tenemos que hacer muchos juegos y, al principio, me daba mucha vergüenza delante de las chicas», asegura Andrés, quien añade que la aplastante mayoría de mujeres en su clase sólo le hizo preocuparse por no estar a la altura. «Me echó un poco para atrás porque las chicas suelen sacar más nota y me agobió poder quedarme atrás», recuerda Andrés.
DAVID DÍAZ
Consciente de la influencia que los primeros profesores ejercen sobre los niños, David Díaz opina que los hombres tienen mucho que aportar a una profesión tan asociada a las mujeres como es el magisterio desde los tres hasta los cinco años. «Hace falta una parte masculina en la Educación Infantil», sentencia este alumno de tercer curso. Así, asegura que la presencia de varones en las aulas de los alumnos más pequeños del sistema educativo, les haría despertar nuevos sentimientos hacía la figura masculina que fueran más allá de la simple autoridad.
En cuanto a las reacciones que encontró en su entorno cuando decidió estudiar Educación Infantil, David no destaca ninguna negativa por su condición de varón. «Lo único que me decían es que es una carrera muy fácil, de pintar y colorear», lamenta David. No obstante, afirma haberse encontrado con muchas caras de sorpresa, sobre todo, en el prácticum. «Fui el primer chico que hacía prácticas en toda la historia de ese colegio», comenta.
JOSÉ CARLOS VALDERRAMA
Para José Carlos Valderrama, alumno de tercero de Educación Infantil, las cualidades necesarias para tratar con niños pequeños no van asociadas al género, sino a la personalidad. «Todos podemos ser igual de cariñosos con los niños, tanto hombres como mujeres», afirma. Sin embargo, añade que el cuidado a edades más tempranas se suele asociar al instinto maternal. «Es que hace tan grande la diferencia entre el número de chicos que estudian Primaria y los de Infantil», expresa.
De hecho, hay 102 hombres matriculados en Magisterio de Primaria frente a 325 mujeres. «No entiendo que haya tanta diferencia entre Infantil y Primaria porque, en definitiva, se trata de cuidar y educar niños», comenta. Un trabajo al que espera dedicarse en un futuro, pues no considera que vaya a sufrir discriminación por ser hombre. «El jurado de las oposiciones valora mucho a los chicos para darle una visión diferente a la educación», destaca este alumno, quien, al igual que sus compañeros lucha por romper estereotipos y hacerse un hueco en una profesión asociada a las mujeres.