Buenas Experiencias
Un compañero de promoción de Quelvis, del Monseñor de Talavera, su nombre es Héctor Correa cursó sus estudios en la Universidad José María Vargas para culminar recientemente la Licenciatura en Educación Inicial. Es el único hombre de su promoción y confiesa que no conoce un profesor de preescolar además de sus compañeros del técnico. Se sorprendió el día que llegó a su primera clase y la profesora insistía en preguntar por qué había escogido esa carrera. Para él, la respuesta era sencilla: “siempre me ha gustado trabajar con los niños y lo importante es hacer lo que a uno le guste”. Estudiantes de otras carreras también cuestionaban su elección, pero sus compañeras supieron apoyarlo cuando alegaban que la figura paterna debía estar presente también en el colegio.“Mi familia no se entusiasmó mucho porque sintieron que la carrera tenía menor nivel que terapia ocupacional”, carrera que Héctor estudió paralelo a su licenciatura en educación. Actualmente se desempeña como profesor en un colegio para personas especiales, combinando sus dos vocaciones: el desarrollo de actividades terapéuticas y la enseñanza básica. Explica que sus alumnos son adultos pero tienen un coeficiente mental de un niño de seis años.En sus palabras, sus pasantías fueron “significativas”, destacando la receptividad tanto de las profesoras como de los niños. “Las mamás cuando iban a buscar a sus hijos me decían que ellos estaban contentos porque por fin tenían un profesor hombre que no hablaba de pintura ni de maquillaje y que jugaba pelota con ellos”, cuenta. Su despedida del Colegio Jacinto Lara, en La Urbina, fue triste, pero partió dejando las puertas abiertas del plantel por si un día quiere regresar.Experiencia fabulosaHéctor escuchó muchas advertencias sobre el desempleo que posiblemente acechaba su futuro, sin embargo obtuvo una oportunidad mientras estudiaba y supo demostrar su empatía con los infantes. “Todos (los niños) peleaban porque querían que yo estuviera en la mesa con ellos”. María Lisset Rodríguez, compañera de docencia de Héctor, si bien dice haberse extrañada con la presencia de un hombre en el aula contigua, asegura que “la experiencia fue fabulosa”.
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